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Recientemente observábamos el caso de Logan Paul, un joven americano que ha decidido crear un canal en Vine donde realiza pequeños gags gamberros interactuando en muchas ocasiones con personas que se encuentra por la calle, en el supermercado, en los bares, etcétera. En otras ocasiones cuenta con cómplices que le dan réplica o añaden diversión a sus chistes audiovisuales.

El contenido es muy fresco y ocurrente (aunque no nos gustaría ser las «víctimas» de sus gags) pero ha logrado crear vídeos de 7 segundos que en muchas ocasiones arrancan una carcajada en el espectador o, cuanto menos, una sonrisa cómplice.

Lo interesante del caso no es únicamente el talento de Logan Paul si no la exposición que ha logrado de un día para otro. Paul decidió compilar una serie de Vines y subir el resultado (de 3 minutos) a YouTube. Aquí lo tenéis:

 

En apenas 24 horas el vídeo alcanzó el millón de visualizaciones y empezó a llamar la atención de los medios (a día de hoy ya cuenta con más de cuatro millones de visualizaciones, por cierto). Como el propio Paul reconocía en su Twitter la situación se le fue de las manos. Sus vídeos aparecieron durante dicha jornada en las principales cadenas de televisión de Estados Unidos catapultando a este Viner a la fama.
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Este caso nos hace reflexionar sobre la capacidad de Vine y YouTube de generar contenidos virales. Es evidente que a día de hoy Vine todavía tiene que crecer mucho para alcanzar ciertas cotas de popularidad (en España esto es aún más evidente). Pero no deja de ser llamativo que, el mismo contenido, compilado y subido a YouTube, logre más visibilidad en 24 horas que el resto de vídeos que el Viner había subido hasta el momento en su canal.

Probablemente esta combinación de plataformas sea entonces una estrategia muy inteligente para lograr consolidar una marca en una plataforma como Vine. Lo que resulta evidente es que la amplificación de YouTube es imbatible.