Si estás relacionad@ con el mundo de la publicidad, sobre todo de la publicidad digital, habrás escuchado la palabra “influencer“. Mejor borramos la frase y volvemos a empezar: hasta tus abuelos han oído hablar ya de los influencers.

Y ahora que se trata de un concepto casi en fase de madurez, nosotros que ya sabéis que somos de buscarle las cosquillas a todo lo digital, creemos que es momento de evolucionarlo. Ya tenemos muchos casos al alcance. Las posibilidades de análisis son prácticamente inagotables. Así que…después de pensar y observar, hace un tiempo pensamos que esto tenía que cambiar.

Quizá la palabra no es cambiar, sino mejorar. L@s primer@s súper bloggers convertidas en instagramers ya son prácticamente celebrities. Llenan portadas que antes ocupaban las folklóricas, están en el imaginario popular y hasta salen en televisión. De ahí que tus abuelos ya sepan perfectamente qué vestido llevó Dulceida en los Goya.

¿Qué creemos que necesita cambiar?

Lo primero que nos planteamos es la falta de credibilidad de la mayoría de perfiles con un alto nivel de seguidores. Si hoy tu influencer preferido publica algo sobre unos zapatos y mañana sobre una afeitadora, poco a poco dejas de confiar al 100% en que realmente ese influencer ame las marcas que publicita.

Por otro lado, nos fijamos en los altos fees y exigencias de muchos de ellos. Además de la dificultad para cerrar una fecha de trabajo si los necesitas de forma presencial. ¿Realmente reciben un retorno las empresas que apuestan por ellos?

Por último, pensamos: ¿una audiencia tan grande es realmente cualitativa? Vemos que en la mayoría de perfiles grandes, la audiencia se divide en países, y es difícil para las marcas saber a quién impactan si tienen el objetivo de una región concreta. Además, entre todos estos followers internacionales, se pierde el círculo de “confianza” que tenían estas personas al empezar, ya no son conocidos, ni conocidos de primos de amigos. Se trata de personas extremadamente lejanas para sus seguidores, lo cual radica de nuevo en la credibilidad y la cercanía de estos perfiles a la hora de promocionar productos.

No es algo que nos inventemos, sino que estos hechos se reflejan en el Engagement Rate. Los perfiles con muchísimos seguidores tienen un ER muchísimo más bajo que aquellos que tienen entre 1.000 y 50.000 followers.

Una nueva tendencia

Por suerte, todo cambia muy rápido en nuestro entorno abstracto de Internet. Y últimamente hemos detectado una tendencia que creemos que puede solucionar estas nuevas necesidades. Se trata de los meta-followers: aquellos que ya siguen a una marca, por lo tanto, la aman, y que tienen un número de followers elevado pero moderado. Y son mucho más que amantes de una marca con muchos amigos en Instagram.

Los meta-followers son seguidores de una marca que no siguen a toda marca existente, sino solo a los perfiles que les gustan. Tienen un círculo de seguidores localizados normalmente en una o pocas regiones (la suya) y publican contenido de calidad. Pero…¿cómo detectar a estos meta-followers entre tu base de fans? Por suerte, esta novedad viene con una tecnología en forma de herramienta. Esta herramienta se llama Neeuton y encuentra a estos meta-followers con los filtros que la empresa necesite.

Mediante un análisis de los perfiles de estos usuarios, se puede además encontrar a dueños de animales, personas embarazadas, complexiones físicas concretas, amantes de la moda, de la cocina, etc. Una vez analizado el perfil y encontradas estas personas, desde la misma plataforma se puede gestionar el contacto con las mismas, y empezar así una relación cualitativa y muchísimo más económica que la que tenías en un antigua estrategia de influencers.

¡A por ellos!

Fácil, ¿no? Nosotros no hemos dudado ni un segundo en empezar a usar Neeuton y en adentrarnos en este nuevo y, segurísimo que apasionante, mundo de los meta-followers. ¿Nos acompañáis?